Tenía esta entrada pensada para otro momento, pero los atentados de Francia me han obligado a adelantarla y posponer otras. Lamentablemente, el 7 de enero, una banda terrorista, utilizando el nombre del Islam, perpetró una matanza que nos costará olvidar en Europa. Las calles y los templos de todas las confesiones se han llenado de manifestaciones que invitan a que no se confunda religión con barbarie, y han sido muchos/as compañeros/as de lo social los/las que han difundido en redes sociales "de lo social" -valga la redundancia- diversos enlaces en los que se informa sobre las diferencias entre musulmán, árabe, islámico e islamista y condenando actos que nada tienen que ver con la Religión. Parecería que el hecho religioso tiene algo que ver con lo nuestro.
Y pregunto: ¿es la singularidad religiosa un campo a abordar desde el Trabajo Social que desarrollamos en Servicios Sociales?.
El tema de la Religión genera cierto debate entre profesionales de los Servicios Sociales: en ocasiones, desde el rechazo, la indiferencia, o bien el desconocimiento de las mismas. Especialmente lo que detecto es, o una gran confusión entre espiritualidad, religión, y prácticas religiosas (en el terreno del Islam, del del Cristianismo y del resto de confesiones), o un rechazo, principalmente contra el Catolicismo debido, en parte, a un pasado de nexo entre Estado e Iglesia Católica cuyos flecos aún están sueltos.
Lo que sí tengo claro, es que es un tema que genera controversia, y en Servicios Sociales, también, si bien, como parte de la Administración deben actuar de manera neutral confesionalmente hablando.
Sin embargo, el pluralismo religioso está creciendo en nuestro país: el dato de las casi 3000 entidades religiosas inscritas en el correspondiente registro del Ministerio de Justicia, o los más de 6000 templos no Católicos en España, dan fe de ello.
Bien: a nadie se nos escapa que el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo hunde sus raíces en el concepto religioso de la propia vida; de igual forma, hay otros debates como el uso en los centros públicos (Servicios Sociales incluidos) de determinadas prendas (conflictos en los que practicas culturales se revisten de lo religioso, y que en ocasiones se manipulan y sobredimensionan intencionadamente), o el caso de determinadas prácticas religiosas (alimentación, servicios funerarios, etc.) que, de vez en cuando, salpican la actualidad social. Incluso es innegable que existen cuestiones más de fondo en cuanto a la manera de concebir la vida o comportarse que están relacionadas con las confesiones religiosas. En definitiva: la dimensión espiritual y religiosa está presente, en nuestras vidas (por acción u omisión), y en las de las personas a las que atendemos. Nos guste, o no (en esto, cada uno/a...).
Si defendemos el abordaje integral, tanto de la persona, como de la comunidad ¿no deberíamos aparcar nuestros criterios y acercarnos a este asunto -profesionalmente hablado, claro-? Por supuesto, respetar no significa tolerar todo: existen prácticas intolerables: la discriminación de la mujer es una de ellas.
Como trabajador social, creo que la respuesta a la pregunta es SI. Y lo justificaré, pero invitándoos a que leáis al menos las 3 hojas (sí solo 3- páginas 95 a 97) que abordan este tema en el "Manual para la gestión municipal de la diversidad religiosa" que podéis >DESCARGAR AQUÍ editado por el Observatorio del pluralismo religioso en España y que he conocido gracias al gran trabajo de la Fundación Pluralismo y Convivencia (por curiosidad, mirad el directorio de lugares de culto>AQUI). A lo que voy:
- Desde el trabajo individual y grupal, conocer los parámetros y dimensiones que afectan a la vida de las personas a las que atendemos es fundamental: nuestros usuarios/as y la sociedad están influidas por las religiones y sus prácticas, desde el católico, hasta el protestante o el musulmán.
- Desde lo comunitario, sería impensable realizar una labor de mediación en barrios como Lavapiés (Madrid), Eixample, Ciutat Vella (Barcelona) o en otros, sin tener en cuenta la diversidad religiosa.
- Desde el terreno de las ayudas sociales: ¿a alguien se le escapa la acción social que realizan las diferentes confesiones? ¿nos reuniríamos con Cáritas pero no con la "pata social" de la Iglesia Adventista o Evangélica del barrio? (yo conozco a muchas personas "de Philadelphia").
En definitiva: creo que deben articularse mecanismos de participación de las iglesias (de todas) en el tejido asociativo que a veces se estimulan desde los Servicios Sociales, como agentes que son, y, los profesionales deberíamos acercarnos a esto de la singularidad religiosa.
Vamos, que igual tenemos algo o mucho que decir. Quizá hasta podemos sacar algo positivo de esta locura. Pero lo primero debería ser conocer la singularidad religiosa, cosa de la que pecamos -je- en Servicios Sociales: creo que es una herramienta que tendríamos que explorar. Igual hasta podemos poner nuestro granito de arena para que a nadie, nunca más, se le ocurra anteponer sus principios (o apropiarse de lo que no es suyo) a la vida de los demás y contribuir a que no se tengan que vivir matanzas como las de París, Nigeria, Irak o Palestina.
Vamos, que igual tenemos algo o mucho que decir. Quizá hasta podemos sacar algo positivo de esta locura. Pero lo primero debería ser conocer la singularidad religiosa, cosa de la que pecamos -je- en Servicios Sociales: creo que es una herramienta que tendríamos que explorar. Igual hasta podemos poner nuestro granito de arena para que a nadie, nunca más, se le ocurra anteponer sus principios (o apropiarse de lo que no es suyo) a la vida de los demás y contribuir a que no se tengan que vivir matanzas como las de París, Nigeria, Irak o Palestina.
Hoy recomendaré una que me ha aconsejado un gran amigo: es de Jorge Drexler. Milonga del Moro Judío: "no hay piedra en el mundo que valga lo que una piedra". Muy buena.







